El cuerpo de Federico García Lora, que se creía enterrado en Alcafar, ha vuelto a desaparecer. Un estudio de científicos acaba de dar la mala noticia de que no es cierto que allí se encuentren los restos de uno de los mejores poetas en lengua hispana.
Es de esta manera que el misterio acerca de la muerte y el reposo de García Lorca se vuelve a hacer presente, y más pesado sobre su memoria después de 70 años de su fusilamiento.
Los historiadores habían concordado en que el año del asesinato del poeta fue 1936, a cargo de las tropas Franisco Franco, pero después de un detallado trabajo de un grupo de arqueólogos se ha vuelto a caer dentro de las tinieblas del desconocimiento de la verdad de los hechos que rodean los últimos momentos de García Lorca.
Se desentierra el misterio
La fosa en la que, supuestamente, García Lorca había sido enterrado junto a tres hombres fusilados más (el maestro Dióscoro Galindo y los toreros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí ), no muestra ninguna evidencia de que se haya realizado ahí el asesinato, ni de cuerpos ni de casquillos de balas.
La declaración oficial la dio el gobierno regional de Andalucá, a través de su consejera de Justicia, Begoña Alvarez, quien manifestó: “Hemos situado la historia con los argumentos de la ciencia y no de la especulación (…) tenemos la evidencia científica de que nunca hubo entierros en la zona”.
Las otras teorías
Aunque la creencia más difundida de los hechos colocaba la tumba del poeta entre las localidades de Alfacar y de Víznar, en Granada, otra tesis señala que unos días después del fusilamiento del poeta español la familia se llevó el cuerpo a su casa, pero con la condición de no decir nada acerca de esta situación
Sin el cuerpo, pero con la esencia
Las investigaciones se han realizado en un terreno de 270 m2, en los que el 28 de octubre pasado los arqueólogos empezaron su labor luego de un proceso de estudio por parte de geólogos.
A pesar de que ha quedado todo dentro del misterio, el historiador Gabriel Pozo, quien hace poco ha publicado el libro Lorca, el último paseo (Almed), donde analiza al escritor y trata de dar respuesta a numerosas incógnitas sobre sus útimos momentos en vida, apunta: “no hay que desencantarse. A Lorca lo fusilaron en esa zona y hay que seguir llevándole flores a esa zona”.








